Cada día, con gestos cotidianos como elegir los artículos que compramos, informándonos de la procedencia de esos productos, o actuando como consumidores responsables podemos contribuir a cambiar la realidad que vivimos.
A menudo, nuestras compras consolidan la situación de exclusión en la que viven más de 1.200 millones de personas en el mundo. Muchos de los artículos que adquirimos esconden realidades como la explotación de trabajadores y trabajadoras que reciben un salario escaso, unas condiciones laborales infrahumanas, la discriminación de la mujer, la explotación de niños y niñas y la degradación del entorno en el que viven miles de comunidades de África, América Latina y Asia.
Ante esta realidad, el Comercio Justo plantea otro modelo de mundo, más humano, basado en la dignidad de las personas, en la igualdad entre hombres y mujeres y la protección del medio ambiente.
Por ello, hoy queremos incidir en que con cada compra que hacemos, elegimos el mundo que queremos.
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